Naturalmente.

Me atrae la idea de comparar ecosistemas empresariales con los de la naturaleza. Es muy fecunda. Veamos unos ejemplos.

La herencia es importante, pero no lo es todo. Influye en la posición de partida, pero lo que se consiga vendrá determinado por la capacidad de adaptación. Es más, las dificultades pueden ser precisamente el estímulo que propicie las mejoras (->Antifrágil).

La corriente Lean Start up hace suyo ese concepto, poniendo el acento en el ensayo/error, en el tanteo, confiando en que la exposición controlada y prematura a lo hostil favorecerá el éxito. Por supuesto, los reveses deben ser encajables, y del CEO se espera que sea un buen fajador.

Por otra parte, las empresas nacientes necesitan de cuidados especiales hasta que son capaces de valerse por sí mismas. De ahí que se hable de climas favorables/hostiles para ellas.

La idea de crecer también está muy extendida, pero conviene hacerlo hasta nuestro óptimo. El tamaño puede dificultar la agilidad, y convertirnos en zombis (independientemente del tiempo de vida).

Tal vez el mejor consejo que he oído últimamente para llegar al 5º cumpleaños es no morir, naturalmente.

Antifrágil

P1020541El mundo de la empresa es súmamente complejo. Como cualquier ecosistema.

Hay una característica de los modelos en la que raramente se repara, y es que son simplificaciones de la realidad. Simplificamos para comprender mejor, pero si nos ceñimos demasiado al modelo, nos toparemos con la realidad, que es tozuda.

De hecho, sobreabunda un espécimen muy peligroso que ha colonizado todas las áreas del conocimiento, y que se alimenta de modelos: el fragilista, que define Nassim N. Taleb como el tipo que causa destrozos pretendiendo saber de qué va la cosa. Y el ámbito de la empresa es particularmente sensible a ellos. Desde Alan Greenspan, hasta los asesores con másteres que te dicen qué hacer para montar una empresa, sin haber emprendido (ni comprendido casi) nada.

Así, del emprendedor se requiere no sólo que sea robusto, sino antifrágil, es decir, capaz de sacar ventaja de los reveses y dificultades, como hacemos todos los seres vivos (dentro de unos márgenes). Si tu semilla cae en un medio hostil, adáptate, y benefíciate de que esa hostilidad te protegerá de la competencia, por ejemplo.

Una razón para este blog ha sido precisamente emplear el tiempo en algo productivo en tanto llegan los resultados.

 

Fluir

P1030893.jpgFluir significa brotar una idea fácilmente de la mente. Y significa el comienzo de todo.

Siendo condición necesaria, no es ni mucho menos suficiente. Ya quedó dicho en una entrada anterior que las ideas apenas cuentan en el resultado, pero no se puede prescindir de ellas. Son las que dan pie a todo lo demás.

No hace mucho, el plan de negocio era lo fundamental, y aún hay muchas instituciones inversoras que creen a pies juntillas lo que allí se dice. Es como centrarse en las características técnicas de la aeronave y del paracaídas para evaluar las probabilidades de éxito del salto. Para el emprendedor, y cualquier observador neutral, lo fundamental es lo que sucede tras abrirse la puerta lateral.

Me parece también muy ajustada la visión de que emprender debe ser como conducir un coche, y no como lanzar un cohete. Lo fundamental es realizar ajustes constantes, incluso virajes impensados. Porque la información con la que uno cuenta de partida es, por definición, incompleta e imperfecta. Planificar no es más que conjeturar.

Y como en un río, se topa uno con todo tipo de obstáculos, empezando por las barreras administrativas para establecer la empresa, surrealistas en mi país.

 

 

Depredadores e innovación

DSC00236.jpgEl mundo empresarial puede entenderse como un sistema cruelmente darwiniano. Pero no sólo.

Puede decirse que no está todo inventado, pero sí está todo intentado. Así, la innovación es el único modo de ampliar la tarta económica, y el más inteligente de eludir la ley del más fuerte.

La innovación requiere de dos características, más allá del manido “hay que invertir más en I+D+i”. Nada más falso que la innovación venga de la provisión de fondos y la planificación centralizada.

Una es un capitalismo que no le corte el cuello al que lo intenta. Un estado del bienestar bien diseñado puede animar a la gente a correr riesgos laborales y estar más abierta a cambios, de lo que resulta una economía más innovadora.

El otro aspecto tiene que ver con que “miremos a los huecos”. O dicho de otro modo, la novedad la hallamos de modo incremental, partiendo de lo que se tiene, pero buscando nuevos usos, como ocurre en la naturaleza. La ventaja competitiva que permite a una presa evitar ser comida se implanta poco a poco.

Si los mayas hubieran “mirado al hueco”, habrían construido sus pirámides con la ayuda de la rueda que usaban en sus juguetes.

El salto

SaltoLlegó la hora de la verdad.

La idea de un negocio, por muy buena que sea, es una parte mínima del mismo. Sólo hay que probar a venderla para ver lo poco vale. De ahí el ridículo que hacen quienes la guardan como un tesoro.

Más bien habría que hacer lo contrario, enseñarla al mayor número de personas posible, para tomar la medida de nuestra locura. Y asegurándonos de que nadie nos robe la idea, si no es tan disparatada. Ideas hay miles, pero son baratas.

Cuenta cómo se llevan a cabo. Ésa es la razón por la que los más afamados cocineros no temen dar sus recetas. Nadie les va a poder dar su toque personal.

Con independencia del talento particular, en lo que sí puede uno marcar la diferencia es formando un equipo. Uno que sea más que un grupo de pioneros, porque éstos suelen encontrarse en el suelo con flechas en la espalda. Un equipo colonizador, capaz de conquistar un trozo de terreno y defenderlo.

Tras muchos meses dedicados a madurar la idea, ha llegado el momento de contener la respiración y dar el salto, de atreverse. Lo contrario es perderse.

 

 

 

Acelerando

P1000145.jpgA medida que se acerca el momento de la verdad, crece la tensión.

Sobre todo, porque una cosa es la imagen que se proyecta desde los púlpitos mediáticos, y otra muy distinta la realidad. Muy platónico todo.

Me propuse narrar mi periplo en esto de emprender, y hoy quiero compartir dos hallazgos relevantes:

1.- Las supuestas ayudas a los autónomos están amañadas: no se aplican si estás al frente de una S.L. Se pagan, como mínimo, 315 €, más asesoría, aunque no ingreses ni un €. Contrasta esto con los cacareados 50 € /mes durante el primer semestre con el que nos machacan nuestros dirigentes.

2.- Las supuestas ayudas a los proyectos novedosos (I+D+i) brillan por su ausencia. Extintos en mi comunidad (Andalucía) desde hace más de 2 años, y sin visos de que vuelva a haber.

Estas barreras para montar una empresa son sólo algunas. Pero no lo bastante altas cuando uno tiene la determinación de llevar a cabo su proyecto. Mi  visión es que las limitaciones son ventajas debajo de un disfraz: obligan a buscar soluciones de modo creativo, y no dejan margen para el despilfarro; cada paso debe conducir a resultados.

Así, mientras caliento motores, va cobrando más importancia aquello de que menos es más.

 

Educación vs redes

P1020880Está muy extendido el mito de que la formación académica es fundamental para el progreso económico. La evidencia nos señala que la flecha de la causalidad va al revés. El progreso permite mejorar la educación.

En 1960, Taiwan tenía menor alfabetización que Filipinas, y la mitad de renta per cápita; hoy ésta es 10 veces mayor. Otro ejemplo: Suiza, es uno de los países más ricos e industrializados con la mitad de universitarios que la media de la OCDE. El contraejemplo: países subsaharianos que empeoran sus condiciones de vida a la vez que mejoran la alfabetización.

La prosperidad individual y la de una sociedad no dependen tanto de la formación académica como de la capacidad para organizarse en empresas de alta productividad. Y es que lo que se adquiere a través de estudios, incluidos los superiores, apenas influye en el trabajo práctico.

Es preferible apostar por las redes que permiten el nacimiento y desarrollo de empresas productivas (grandes o pequeñas). Las instituciones deben fomentar la inversión y el riesgo: regulación de quiebras, para proteger a capitalistas, y estado del bienestar, para proteger a trabajadores. Hacen falta subvenciones y reglas claras para I+D+i, así como la formación de trabajadores que faciliten su adaptación.

Espejismos

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Disculpad que vuelva a la carga, pero el tema me solivianta.

No creo en PowerPoint: es una herramienta usada por militares para convencer a incautos de que sus misiones son precisas, en los dos sentidos: necesarias, y quirúrgicas. Dan a entender que gracias a la minuciosa preparación, tanto del personal como de la misión, y la capacidad financiera, están en condiciones de asegurar qué va a suceder.

Sobran gurús demasiado bien pagados que se dedican a realizar pronósticos. Y cada vez que veo a uno (en las finanzas, en los medios…) me acuerdo de lo que dice mi padre: el futuro no lo ha visto nadie.

Por eso tampoco me gusta Excel. Es una máquina de mentir, es evidente que dirá lo que queramos, sólo que con un engañoso aspecto profesional.

Creo que el negocio se debe poder contar en una servilleta. Y que hay que cuidar las formas, pero con la vista puesta en el largo plazo. Como una relación, que no deberíamos echar a perder en la primera cita por impostar, o planificar en exceso.

Casi peor que no convencer a un posible socio es decepcionarlo, o que se sienta engañado. La verdad, por delante. Nada de espejismos.

Libertad +/-

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Las probabilidades de éxito de una idea empresarial dependen del terreno donde se siembre la semilla. Déjenme explicarlo.

Los estados deben garantizar dos libertades esenciales, la positiva y la negativa. La positiva tiene que ver con asegurar la igualdad de oportunidades mediante la educación y sanidad con vocación de universalistas, y facilitar el acceso a unos recursos vitales. La negativa tiene que ver con que se abstenga de interferir allá donde el juicio individual es más idóneo, es decir, regulando con discreción. Por ejemplo, no dictando cuándo abrir o a quién despedir.

La innovación se fortalece cuando la marea regulatoria se retira. Pero hacen falta impuestos para evitar que el próximo Mark Zuckerberg lo estén desahuciando hoy mismo junto a sus padres.

El famoso algoritmo de Google lo desarrollaron sus fundadores con una beca del Gobierno. Y no sabríamos de la magia de Harry Potter sin la ayuda social y la beca concedida a su autora para escribir la primera novela.

Neoliberales y estatistas tienen la mitad de la razón.

Oblicuidad

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La felicidad no es una meta que se pueda alcanzar directamente. Pasa como con el amor. Si te propones “hoy tengo que enamorarme”, lo más seguro es que no lo consigas, y además te ganes la enemistad de alguien.

Es más sensato acudir a lugares o actividades donde haya una alta probabilidad de encontrar a gente con la que sintonicemos.

Con la creación de una empresa pasa algo similar: Si uno se centra en generar dinero a todo trance (Cash is king), lo más seguro es que no sobreviva. Satisfacer al cliente es la clave, y hay que procurarlo mediante objetivos prácticos y manejables. Que se lo digan a Juan Roig, o a los creadores de Google o Facebook.

El valor del accionista bien podría ser “la idea más tonta del mundo”, dijo Jack Welch no hace mucho.

Hay que centrarse en crear las condiciones adecuadas para que surja el enamoramiento entre el cliente y el empresario. Este enfoque oblicuo es el que conduce al éxito en cuestiones tan abstractas como la igualdad (véase Suecia), la felicidad o el amor.